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CITA DEL DÍA: «El talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad» (Goethe).-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
La conjugación del verbo regular CONVENCER resulta complicada para algunos hablantes, siendo que se conjuga como VENCER (con+vencer), que no suele ofrecerles ningún problema. Sucede que, en vez de hacerlo así, lo asemejan a verbos irregulares como agradecer, carecer, crecer, merecer, ofrecer, padecer, parecer, perecer, etc. resultando incorrecciones tales como convezco, convezca, convezcas, convezcamos, convezcáis y convezcan.
RETIREMOS:
convezco, convezca, convezcas, convezcamos,
convezcáis y convezcan.
UTILICEMOS: convenzo, convenza, convenzas, convenzamos, convenzáis y convenzan.
Puedes ver una entrada, que escribí hace tres años, sobre otro verbo cuya conjugación también genera frecuentes confusiones: PREVER.
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Para la mitología griega, Aquiles fue el principal héroe de la Guerra de Troya. En la Ilíada de Homero fue el más fuerte, rápido y bello guerrero que se vio jamás. Su padre, Peleo, era el rey de los mirmidones; su madre, Tetis, una ninfa marina. Pasó toda su vida con la muerte en los talones, saliendo airoso de tantas y tan complicadas batallas que se llegó a pensar que era cierta su inmortalidad.
Cuenta la leyenda que el río Estigia volvía inexpugnable cualquier parte del cuerpo que se sumergiera en sus aguas, por lo que Tetis había introducido en ellas el cuerpo de su hijo para hacerlo invencible. Transcurridos unos años, cuando lo vio muerto por una herida en el pie, la mujer recordaría que en aquel baño estaba sujetándolo por uno de los talones, motivo por el cual esa parte del cuerpo del niño no había adquirido la pretendida invulnerabilidad.
De todo ello se deduce que, en este caso, “con la muerte en los talones” no significa que se los estuviera pisando porque le seguía de cerca, sino que se había refugiado en ellos por no tener otra parte de su anatomía donde atacarle.
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Aquel día sus padres tuvieron la ocurrencia de llevarle al cine, para que viera la película de esa bruja que volaba con un paraguas. Hasta entonces su vida había transcurrido felizmente. Se relacionaba bien con otros niños y llevaba los primeros años de sus estudios por encima de la media.
Supercalifragilisticoespialidoso fue el principio de su tragedia. Todo el mundo sabía pronunciarlo, menos él. Tanto llegó a acomplejarle, que perdió la confianza en sí mismo y empezó a fallar en las calificaciones escolares. También dejó de alternar con sus compañeros de clase, por miedo a que en las conversaciones se le atravesaran las palabras largas y se rieran de él.
Lo que en principio se diagnosticó como un problema pasajero que se corregiría fácilmente con un poco de atención profesional, resultó todo lo contrario. El tiempo fue transcurriendo, los psiquiatras sustituyeron a los psicólogos y el chico se hizo hombre sin haber terminado los estudios más elementales, ni aprendido un oficio.
Tan desesperado estaba, que un día decidió investigar por su cuenta en internet. Cuando descubrió que su problema era una fobia a la que denominaban hipopotomonstrosesquipedaliofobia, ni supo pronunciarlo, ni su corazón pudo resistirlo.
“Te amo (tu ma), y yo (tu pa)” fue todo lo que sus padres se atrevieron a ponerle en la cinta de la corona de flores.
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Tanto éxito tuvo la asistencia de los colegios madrileños al Palacio de Las Cortes el día de la Fiesta Nacional del 23 de febrero, que nuestras autoridades han tomado la determinación de hacer extensiva esta visita a las otras dos festividades patrias (18 de julio y 20 de noviembre).
Tan hondo calaron en los escolares las explicaciones sobre el significado de los disparos que adornan el techo del hemiciclo, que cuando llegaron al busto del General Tejero Molina prorrumpieron en una sonora y prolongada ovación.
A la salida, los autobuses se repartieron los destinos. Los de los niños se dirigieron al desfile de las Fuerzas Armadas, en la Avenida del Generalísimo. Los de las niñas a la sede de la felizmente rescatada Sección Femenina, en la Plaza de Doña Carmen Polo de Franco. Unos y otras sentían en su interior el honor de representar el futuro de España. Ellos ocupando puestos de responsabilidad. Ellas como abnegadas esposas y madres cristianas.
Es digna de reseñar la diligencia con que se puso de manifiesto la decisión adoptada en las Cortes tan solo dos días antes. Tras democrática votación a mano alzada, se había tenido a bien por unanimidad que el aeropuerto de Madrid pasara a llamarse Aeropuerto General Milans del Bosch, como justo homenaje a quien colaboró decisivamente con su Majestad el Rey en recuperar el destino de España de las manos de sus enemigos. La puerta de entrada a la capital por vía aérea apareció luciendo orgullosa el nuevo nombre.
Conocí a Santiago gracias a un amigo común. Los hijos de ambos estudiaban en la misma clase y compartían equipo de fútbol. Había muy buena relación entre todos los padres y después de los partidos se iban a almorzar, incluso hicieron algún viaje juntos relacionado con alguna competición de los chicos.
De la afinidad de Santiago con mi amigo llegó a forjarse una buena amistad; pero no es de ella de la que quiero hablar, sino de una anécdota que lo retrata. La recordé el otro día como contraste a la subjetividad de los padres que amargan a sus hijos los partidos del fin de semana, creyéndose que tienen en casa un Messi que va a sacarles de pobres.
El caso es que uno de aquellos días de partido no pudo acudir el entrenador de los chavales y, como mi amigo tiene experiencia futbolera, le pidieron los padres que ocupara su puesto. Empezó poniendo el equipo de gala, con la idea de alinear a los más flojos en el momento en que el resultado estuviera encarrilado. Cuando llevaban tres o cuatro goles de ventaja empezó a sacar a los que no habían jugado, pero no contaba con que la diferencia se notaría tanto que en pocos minutos iban a meterles dos o tres goles. Santiago, descompuesto, se le acercó y le dijo al oído: “Haz el favor de quitar a mi hijo, que es el peor y nos van a remontar por su culpa”.