Cita del día



CITA DEL DÍA: "¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?" (Groucho Marx).

Entrada antigua de la semana

ENTRADA ANTIGUA DE LA SEMANA: Religioso por cojones


domingo, 4 de diciembre de 2016

Siguiendo el rastro del rastro






Cuando llegó la jubilación del comisario Peláez, sus superiores decidieron matar dos pájaros de un tiro al sustituirle. El primer pájaro era dar un golpe de efecto a la modernización del cuerpo de policía, eligiendo a una mujer. El segundo promocionar a una de las tres posibles candidatas, con la confianza de que cualquiera de ellas estaba plenamente capacitada para desempeñar esa tarea. Como los méritos presentados eran parejos, decidieron que fuera el desenvolvimiento en la resolución de un caso el que deshiciera la igualdad. La brillante intervención de la inspectora Martínez en la detención de un atracador de bancos en menos de dos semanas, llevó a pensar en un principio que el puesto iba a ser para ella. Tuvieron que cambiar de opinión cuando la inspectora Gutiérrez, vistiéndose de prostituta, hizo de señuelo y capturó en cuatro días a un violador que desde hacía meses tenía atemorizadas a las mujeres de la ciudad. Cuando se pensaba que su actuación era insuperable, le llegó el turno a la inspectora Rodríguez. En tan solo una mañana, siguiendo el rastro de un clandestino rastro, volvió a la comisaría con doce bragas de marca compradas al precio que en unos grandes almacenes hubiera costado una sola. Los superiores no lo tenían tan claro, pero las otras dos competidoras no pudieron negarse a la evidencia y felicitaron deportivamente a la nueva comisaria.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

La puta lluvia






Que sí. Que lo entiendo. Que el agua es necesaria para la vida. Que tiene que llover. Pero si lloviera solo por la noche el efecto sería el mismo. Si el tributo que hay que pagar para tener un paisaje muy verde es estar chipiado todo el día, le perdono la vida al verdor. Como si el paisaje de Los Monegros no tuviera también su encanto. Estoy de acuerdo en que el cierzo de mi tierra es desagradable, pero no moja. A lo mejor es que cada uno se consuela con lo que tiene.

He llegado a la conclusión de que quienes dicen que les gusta la lluvia son malas personas. Lo que realmente les gusta es ver llover a través de los cristales de alegres ventanales. Y si puede ser al calor de una chimenea, mejor. Eso no es que te guste la lluvia, sino que disfrutas viendo al prójimo mojarse en la puta calle mientras tú estás a buen recaudo. Que te guste llover es que disfrutes cuando estás esperando en un cruce y el coche de turno te traslada al traje el charco que acaba de pisar. O que te encante pisar una baldosa suelta y que el agua que hay debajo te moje el calcetín para el resto del día.

Tan impertinente es la lluvia, que pone en evidencia el egoísmo de la gente. ¿No os habéis fijado lo pegadas que van a las fachadas de los edificios las personas con paraguas, para protegerlo de la que está cayendo, mientras las que no llevan se tienen que quedar mojándose por la parte de afuera?

Toda para vosotros. Os la regalo. Ya sé que soy muy bruto.


sábado, 26 de noviembre de 2016

La carrera de relevos






En la convocatoria para la olimpiada de atletismo de la comarca, cada localidad podía inscribirse en aquellas pruebas para las que se considerara con un cierto nivel para competir. Los mozos de mi pueblo —además de brutos— eran muy rápidos corriendo, por lo que se apuntaron a través del ayuntamiento en todas las carreras de velocidad. A nadie sorprendió que, cuando se publicaron en el periódico comarcal los registros que se iban logrando en los entrenamientos previos, en casi todos estuvieran entre los mejores. Solo desmerecían en la carrera de relevos, hasta el punto que faltó muy poco para que les negaran la autorización para participar. Cuando ganaron la medalla de oro en la citada contienda, un periodista de la televisión regional les preguntó cómo habían conseguido mejorar su marca de una forma tan espectacular. Tuvieron que responderle que hasta ese día nadie les había dicho que el testigo era una barra de 30 centímetros y 50 gramos, en vez de un señor del público como habían creído y utilizado ellos en los ensayos.


martes, 22 de noviembre de 2016

El fenómeno del fútbol






Hallábanse unos sesudos sociólogos del siglo XXIII analizando el fenómeno del fútbol en nuestra época. Les llamaba la atención el hecho de que en los minutos inmediatamente posteriores a las ocho y media de la tarde se metieran más goles que en cualquier otro momento. Pasando la abundante información que poseían sobre nosotros por el tamiz de su adelantada tecnología, no les costó demasiado trabajo llegar a una irrebatible conclusión. El motivo no era otro que a esa hora las porterías se quedaban desguarnecidas, porque los porteros tenían que ir a recoger la basura.