Cita del día

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CITA DEL DÍA: «La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos» (Louis Dumur).

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miércoles, 12 de diciembre de 2018

El patito raro (cuento)

REEDICIÓN (edición: 16/06/2013)

 




Estaba la mamá pata
que en su gozo no cabía
viendo a sus nuevos patitos
que del cascarón salían.
Los alazos y ovaciones
que orgullosa recibía
tornáronse en  pitorreo
cuando  el último nacía,
al  comprobar que a los otros
en poco se parecía
y por no hablar cuatellano
algo extranjero decía
con una voz atiplada
por la que se ganaría
el mote de paticona
en  toda la galería.

"No te apures, hijo mío,
que aquí hay mucha tontería.
Te amo como a tus hermanos,
y más lo haré todavía
si el día en que se celebre
vuestro bautismo en la ría
eres capaz de mostrarnos,
nadando, tu patería".

El tiempo fue transcurriendo
y esa fecha llegaría
en que el primer capucete
en la charca se darían.
Mientras los demás, ansiosos,
esperaban  la salida
para meterse en el agua
rebosantes de alegría,
nuestro pequeño patito
su hidrofobia descubría
con una infinita angustia
que moverse le impedía.
La mirada de su madre
tanta presión transmitía
que por no decepcionarla
se arrojó con osadía.

A la mañana siguiente
alguien se preguntaría:
"¿Qué  hace un pollo de gallina
ahogado junto a la orilla?".
Amores mal entendidos.
Exigencia desmedida.
Xenófoba intransigencia,
que ha sentenciado otra vida.


viernes, 7 de diciembre de 2018

Los listos de siempre

REEDICIÓN (edición: 27/05/2013)
 
 




Dijeron que con vacunas
nuestra vida peligraba
y que con los rayos X
la ciencia nos estafaba.

Que donde hubiese un caballo
el coche nada pintaba
y que habiendo mensajeros
el teléfono sobraba.

Que el invento de la tele
a la radio apuntillaba
y que de la caja tonta
la gente pronto se hartaba.

Que al ordenador de Houston
con 100 megas le bastaba
y que una computadora
en un hogar no encajaba.

Con el efecto 2000
el siglo mal empezaba
y al final quedó la cosa
tal y como antes estaba.

Desde que han vaticinado
que este Planeta se acaba
pasando grandes calores
y faltándonos el agua,
tenemos embalses llenos
y primaveras nevadas.

A ver, no nos engañemos,
personas muy preparadas
nos dicen desde hace tiempo
que hacemos muchas burradas.
Siguiendo sus instrucciones
deberíamos evitarlas,
mas no por los argumentos
de algunos tontos del haba
que aleccionan sin tener
ni puta idea de nada.


domingo, 2 de diciembre de 2018

Las putas siglas

REEDICIÓN (edición: 29/04/2013)
 
 





El otro día la amiga Moneypenny nos hizo reír con su personal interpretación de las siglas y sus cabreos con lo que hay montado tras muchas de ellas. Yo no voy a profundizar tanto.



Ha aterrizado un PNN,
que da clases en la UNED,
en la APA de mi IES
a hablarles de la FP.
Con un equipo de HIFI,
ayudado de un PC
en el que ha metido un disco,
que él llamaba DVD
(aunque los más entendidos
han dicho que era un CD),
se ha enrollado con las PYMEs,
las OPAs, el IPC,
la TAE, el IBEX, el MIBOR,
el IVA y el PVP.
Sobre esto de hablar con siglas,
a poder ser del inglés,
no sé qué opina la RAE;
lo que yo pienso sí sé:
que estoy hasta las pelotas,
o EHLP.


sábado, 24 de noviembre de 2018

Ha nacido mi chiquitín






En la clínica Editorial Círculo Rojo, ha venido al mundo mi chiquitín. Todo se ha desarrollado con la tranquilidad de quien se siente acompañado por unas manos expertas. Con la emoción propia de un padre (casi abuelo) primerizo, lo he cogido entre mis brazos, mirado y remirado, sonreído, besado, abrazado, olido… El próximo día 29 será bautizado en la Librería Central de mi ciudad (Zaragoza) con el nombre de Diccionario en tono de humor, como no podía ser de otra manera. Mi primo Fernando García Vicente —Justicia de Aragón desde 1998 hasta hace unos meses— será su inmejorable padrino.

La gestación ha sido larga. Hace casi cuarenta años cayeron en él sus primeras palabras, pero fue a partir de 2012 —tras 25 años de dormir en un cajón— cuando cogió el impulso definitivo. Fue su aparición en esta Bitácora de Macondo y sobre todo la generosa acogida por parte de todos vosotros —sus seguidores— los que me envalentonaron para seguir incorporando definiciones, hasta las más de 1200 que recoge.

Sin vosotros —los que seguís acompañándome y los que habéis dejado la blogosfera— no hubiera sido posible cumplir este sueño.

Muchísimas gracias.







El libro ha aparecido en las versiones de papel y electrónica (ebook). Se encuentra en las principales distribuidoras (Amazon, Logista, etc.), por lo que debe poder ser localizado desde cualquier lugar del mundo. 

martes, 20 de noviembre de 2018

Zeppo

REEDICIÓN (edición: 30/01/2013)
 
 




Zeppo supuso un salto de calidad en la larga tradición de perros fox terrier en mi familia. Tenía hasta papeles. Pero él no lo sabía. O no le daba importancia, porque trataba a los otros de igual a igual. Siempre fue muy llano. Era de natural tranquilo, pero si había que reñir se reñía sin mirar la alcurnia del rival. Ni el tamaño. Recuerdo  al sorprendido Hans, un dogo alemán, cuando se vio atacado por el pequeño. Se limitó a gruñirle para ver si recapacitaba y se daba cuenta de que el enfrentamiento iba a resultar desigual. Pero Zeppín cuando se ponía tozudo era como Juanico, el de la petaca del cura. No era fácil de convencer. Pudimos llegar a tiempo de impedir el desaguisado. 

Nunca fue demasiado cariñoso. Lo justo. Si le hacías alguna caricia te la agradecía educadamente moviendo levemente el rabo, pero si no te acercabas a él tampoco te buscaba. Lo del adiestramiento no lo llevaba bien. Ni mucho, ni poco. No le hacía ilusión eso de que quisieras enseñarle a sentarse y a echarse cuando se lo ordenaras. No le encontraba sentido. Prefería hacerlo cuando él lo consideraba oportuno. Y así lo hizo siempre. Ruja decía que cuando le mandaba alguna cosa se lo quedaba mirando como diciéndole “tócame el haba”. Y si lo decía Ruja sería verdad, porque conocía y quería a los perros como nadie. Como nadie y como mi primo Ricardo. Creo que fue con quien Zeppo hizo siempre mejores migas. Cuando nos dio por echar unas manos de póquer después de cenar, se lo ponía sobre sus rodillas. La cosa duró hasta que el animal, según mi primo, aprendió las reglas del juego y no podía evitar alterarse cuando veía que le había entrado jugada. 

Mi abuelo siempre lo comentaba, hablando del instinto. Lo más parecido a un zorro que había visto en su vida la Tuca, primera fox terrier que hubo en casa, era una butaca de teatro, hábitat natural de su anterior dueña. Sin embargo la primera vez que sintió el olor de la raposa en un cado se le erizó el pelo y se fue a por ella, como impulsada por la voz de los genes. Lo mismo le sucedió a Zeppo cuando todavía era una bola de algodón. Hubo que frenarlo para que pudiera llegar a adulto. Para que tuviera tiempo de disfrutar la vida. Para que su simiente cumpliera el objetivo de fecundar. Esa fue su segunda afición. O la primera. A pesar de su cojera, que le impedía efectuar el asalto a la hembra con naturalidad. Un puto tractorista le había dejado una pata chula para los restos en una desafortunada maniobra. Pero la ilusión por el folleteo le quedó intacta y su problema podía ser perfectamente subsanado con la ayuda de un buen mamporrero.

Y ésta es, a grandes rasgos, la historia de Zeppo. Independiente donde los haya. Con una personalidad muy acusada. Parco en el reparto y austero en la necesidad de cariño. Poco dado en definitiva a los alardes afectivos, pero con una más que demostrada fidelidad en los momentos importantes. No es por casualidad que, muchos años después, todos sigamos recordándolo con una emoción muy especial.

 

jueves, 15 de noviembre de 2018

Las Tucas y los tucos

REEDICIÓN (edición: 21/01/2013)
 
 




La Tuca debió ser el primer ejemplar de fox terrier que se conoció en aquella zona de Los Monegros. Tanto es así que, transcurrido casi un siglo, todavía hay mucha gente de por allí que llama “tucos” a los perros de esa raza. Se la compró mi abuelo a una actriz de teatro. Por aquél entonces el hermano pequeño de mi padre debía tener unos dos años. La primera noche mi abuela tuvo verdaderos problemas para dar una vuelta por el niño. La Tuca se había instalado a los pies de su cuna y no permitía que nadie se acercase a él. Parece ser que su anterior dueña tenía un hijo de una edad similar y la perra había sido la responsable de su custodia mientras ella estaba trabajando. Al llegar a casa de mis abuelos había asumido el  cambio de niño, pero no el de madre. 

La segunda Tuca que me consta, hija o nieta de aquélla, fue regalada de cachorro por mi padre a mi madre. Eran todavía novios. Mi abuela materna la aceptó con la condición de que sería devuelta en cuanto creara cualquier problema. Era raro el día que no hacia alguna travesura, pero mi madre se las tapaba como podía. Dicen que la falda de la mesa camilla, que empezó teniendo algunas flores de adorno, terminó siendo un auténtico prado de margaritas. Cada dentellada de la perra era disimulada primorosamente con el ganchillo. Sin embargo debió hacer alguna más gorda que no se pudo ocultar porque, con gran dolor por parte de su dueña, mi abuela cumplió su amenaza y la Tuca volvió a casa de mis abuelos paternos. Unos años después, ya casados mis padres, en la primera visita de mi madre a casa de sus suegros observó sorprendida que un perro enloquecía de alegría con su presencia. La Tuca había cambiado mucho para ella, pero ella sí que había sido reconocida por la Tuca. 

Ya no éramos unos niños cuando nació la tercera Tuca de la que voy a hablar. Se la regalaron a uno de mis hermanos y conservó la tradición de ponerle ese nombre. Acababa de ser destetada y era demasiado pequeña para mandarla al monte. Queríamos tenerla en Zaragoza hasta las siguientes vacaciones. Mi madre siempre nos había advertido que no le gustaba tener perros en casa, porque les cogía mucho cariño y todo le parecía poco para ellos. Cuando la vio, tan frágil y tan bonita, no fue capaz de dejarla desamparada. Cumplió a rajatabla con lo que había dicho. La convirtió en la reina de la familia. Nos sorprendió un día diciendo con mucha alegría que había descubierto que los riñones no le gustaban ni muy hechos, ni demasiado crudos, sino vuelta y vuelta por la sartén. Eso quería decir en primer lugar que le daba riñones para comer y después que analizaba sus gustos hasta ese punto. Llegamos a temer por la posibilidad de tener que salir nosotros de casa si la Tuca necesitaba nuestro espacio, pero afortunadamente llegaron las vacaciones, la perra se fue a su casa definitiva y las aguas volvieron a su cauce.