Cita del día

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CITA DEL DÍA: «Muchas cosas eran algo; dejándolas fueron nada» (Baltasar Gracián).

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lunes, 10 de septiembre de 2018

Diccionario en tono de humor (83)





Reinvención personal, en clave de humor, del significado de las palabras.
 
 
LADRÓN. Clavija que, a modo de Robin Hood, roba corriente eléctrica al enchufe que la posee y la reparte entre tomadores necesitados.

REBOTE. Enfado o disgusto que se  disputa en las canastas de un campo de baloncesto.

REFINADO. Persona educada y muerta.

REGATEAR. Debatir el  precio de algo andando a gatas.

REGULAR. Ajustar o poner algo en orden sin demasiado acierto.

REMOLÓN. Dícese del remo que gusta o resulta agradable.

SABANA. Llanura extensa  utilizada como ropa de cama.

SABER. Conocer la sensación que ciertos cuerpos producen en el órgano del gusto.

SACIEDAD. Conjunto de personas, pueblos o naciones que conviven completamente satisfechos.

SAVIA. Energía con profundos conocimientos.

SOSIEGO. Serenidad propia de un invidente.

SUCESIÓN. Conjunto de personas que se ponen en cola para recibir los bienes de una herencia.

TROMBÓN. Coágulo  de sangre con pinta de no terminar en nada bueno.

TULIPÁN. Planta herbácea de la familia de las margarináceas.

TURBINA. Pequeña muchedumbre de gente confusa y desordenada.


jueves, 6 de septiembre de 2018

Pre + Ver = Prever

REEDICIÓN (edición: 22/02/2012)






La explicación que voy a dar a continuación debería ser para personas que están dando sus primeros pasos en el aprendizaje de nuestro idioma, o no tienen la obligación de hablarlo correctamente. Lo preocupante es que sea válida para bastantes estudiantes universitarios. Lo lamentable que sirva también para algunos que se ganan la vida como profesionales de la palabra.
Una conjugación tan sencilla como la del verbo PREVER se confunde muy frecuentemente con la de PROVEER, de tal forma que se dice incorrectamente preveer, prevee, preveyó y preveyendo, cuando debería decirse prever, prevé, previó y previendo respectivamente.
El verbo PROVEER nada tiene que ver con PREVER. Significa “preparar, reunir, suministrar o facilitar lo necesario o conveniente para un fin”. En él son correctas las formas proveer, provee, proveyó y proveyendo, que son las que llevan a la confusión.
El verbo PREVER se compone de PRE (“con anticipación”) + VER, por lo que significa “ver con anticipación”. La manera de no equivocarnos en su conjugación es poner la forma correspondiente del verbo VER (que no nos ofrece dificultad), precedida de la partícula PRE. Así de sencillo.


domingo, 2 de septiembre de 2018

El otro tirachinas






En mi visita a Pekín conocí a Achu, el guía chino que nos había adjudicado la agencia de viajes. Nunca he entendido de hombres y mucho menos si son chinos, pero me atrevería a afirmar que atractivos físicos tenía más bien pocos. No obstante poseía una simpatía arrolladora, que tuvo mucho éxito entre las féminas del grupo. Llegué a pensar que era gay cuando  vi la forma en que se desmarcaba de una morena espectacular, que a mí no me hacía ni caso y a él le  tiraba descaradamente los tejos. Adquirimos una cierta confianza y en un aparte surgió la conversación. Le gustaban las mujeres tanto o más que a mí, lo que sucedía era que en una ocasión había tenido un problema con una turista y como consecuencia del mismo había estado a punto de perder su trabajo. La  experiencia le sirvió de escarmiento y desde entonces procuraba mantener las distancias con las clientes. Sin embargo en su vida privada, con sus paisanas, era un ligón incorregible. Me confesó que su nombre completo era Achu Cha Cho Chín y que sus amigos hispanos le llamaban El Follador de Oriente y El Tirachinas.
 
 

martes, 28 de agosto de 2018

Federico






Con la herencia que recibí de  mi padre  podríamos vivir, sin dar un palo  al agua,  varias generaciones de mi familia. Dicho sea sin contar el patrimonio aportado por mi santa esposa, hija única del que era hombre más pudiente de la comarca. Además de ser hábil para  los negocios, he tenido la fortuna de que en unas tierras de mi propiedad se ha descubierto  petróleo. Para colmo acabo de enterarme de que he sido el único acertante de la lotería primitiva de esta semana y voy a llevarme un bote histórico, por lo que con la firma de este documento quiero dar fe de rico.
Firmado: Federico.


viernes, 24 de agosto de 2018

Simón y Simeón






Antes de casarnos habíamos llegado con mi mujer al acuerdo de que si teníamos una niña el nombre lo decidiría ella, pero si era un niño la elección sería mía. Hasta que se  quedó embarazada no me planteé seriamente  en qué  iba a quedar el  dilema que siempre había tenido. Desde mi bisabuelo hasta mí  todos los primogénitos de la  familia habíamos sido Simón, por lo que todo el mundo daba por  hecho que así tendría que llamarse mi hijo. Sin embargo a mí no  me gustaba tener que condenarle a los odiosos diminutivos que yo había sufrido para poder ser distinguido de mi padre. Cuando la comadrona me dijo  que había sido un varón, me  di cuenta de que no iba a tener valor para luchar contra el peso de la tradición familiar. Mi hijo sería el  quinto Simón Martínez consecutivo en nuestro árbol  genealógico. Durante  muchos años tuvo que soportar que todos los miembros de la familia, menos yo, se dirigieran a él  con el dichoso Simoncito. No recuerdo en qué momento le quitaron el diminutivo y no entendí hasta ayer —que por fin accedí a ponerme el  audífono que desde hace tiempo necesitaba— por qué él siempre distinguía cuándo se dirigían a él o a mí, mientras que yo me confundía  continuamente. Resulta que el  paso de  los años no solo ha afectado a mi oído, sino también a la continencia de mi vejiga de la orina. Como tengo que ir continuamente al baño para  vaciarla, actualmente el único Simón de mi casa es mi hijo. A mí me llaman Simeón.


lunes, 20 de agosto de 2018

Jonathan






Ya que se había casado con un López y ella era García, quería que ese hijo que llevaba  en las  entrañas se distinguiera por tener un nombre especial. Todos los de consumo nacional le parecían vulgares. Anduvo  buscando algo más original entre los propios de las comunidades autónomas, pero ninguno terminó de llenarle. Cuando alguien le dijo que lo que realmente vestía era poner uno inglés, se dio cuenta de que tenía razón. Si escritos le parecían preciosos, dichos por alguien  que supiera pronunciarlos rayaba en lo orgásmico. Eso de que se dijeran  distinto  de como se escribían le volvía loca. Pidió que le hicieran una lista de los que más le gustaban y a cada momento solicitaba que se los leyeran para quedarse con su sonoridad. Todos le parecían  de príncipes. Después de darle muchas vueltas, de decantó por Jonathan. Además de sonarle maravillosamente, eso de que llevara una h después de la t terminó de conquistarla. Cogió un profesor particular durante unos días para le enseñara  a pronunciarlo perfectamente. Cuando nació su hijo y empezó  a  llamarlo,  nadie hubiera  dicho que no  era inglesa. Al  resto de los  miembros de la familia lo único que les preocupó fue que el niño llegara bien. La  pronunciación de su nombre les daba lo mismo porque pensaban  llamarlo Jonatancico, con la j como Dios manda y su acento maño habitual.