Cita del día

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CITA DEL DÍA: «Un problema deja de serlo si no tiene solución» (Eduardo Mendoza).

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sábado, 31 de octubre de 2020

Las ranitas (cuento)

REEDICIÓN (edición: 06/07/2017)


Las ranitas


FÁBULA INDIA SOMERAMENTE RETOCADA


Cinco ranitas amigas fueron a dar una vuelta por el bosque. Lo que prometía ser una alegre mañana se convirtió en una desgracia, porque dos de ellas cayeron a un pozo. Las tres que quedaban arriba se asomaron para animarlas pero, cuando se dieron cuenta de lo profundo que era, les gritaron y gesticularon invitándoles a que se hicieran a la idea de quedarse allí para siempre. Una de ellas les hizo caso y se abandonó a su suerte, pero la otra demostró ser mucho más luchadora. Acumulando todas sus fuerzas, logro ganar la superficie de un tremendo salto. Las que estaban afuera le manifestaron su alegría por no haberse dejado influenciar por las negras expectativas que le habían pintado, pero ella les dijo que su sordera le había impedido escuchar las voces y que los gestos los había interpretado como ánimos para que tratara de salir. Por una vez su problema auditivo le había resultado ventajoso. Y de paso también lo fue para la compañera que se había quedado abajo, porque siguió su ejemplo y consiguió unirse al grupo. Y de esta forma pudo asistir al entierro de su bienhechora. La mala suerte quiso que volviendo a casa fuese atropellada por un camión, al no poder escuchar el ruido del mismo ni los gritos de sus amigas avisándole de su presencia.


sábado, 24 de octubre de 2020

El dragón de Wawel (cuento)

REEDICIÓN (edición: 01/07/2017)

 

El dragón de Wawel


ANTIGUA LEYENDA POLACA SOMERAMENTE PUNTUALIZADA


Cuenta la leyenda polaca que hace muchísimos años, en las tierras gobernadas por el príncipe Krakus, empezaron a desaparecer personas y animales. Anduvieron desconcertados hasta descubrir que el culpable era un enorme dragón, que se había instalado en una cueva. Tras intentar infructuosamente plantarle cara con el ejército, el príncipe ofreció la mano de su hija a aquel que fuera capaz de vencer al monstruo. Un valeroso y listo zapatero dejó por la noche en la puerta de la cueva una piel de borrego, que previamente había rellenado con azufre y alquitrán. Cuando el gigante se despertó a la mañana siguiente, engulló el cebo para desayunar. A continuación tuvo que ir al Vístula a saciar su sed y, al entrar el agua en contacto con lo que había comido, le estallaron las tripas.

Dice la leyenda que a partir de ese día volvió la tranquilidad a aquel lugar, el zapatero dejo la zapatería para casarse con la princesa y los habitantes vivieron felices. Descalzos, pero felices.



sábado, 17 de octubre de 2020

Las tres cabras (cuento)

REEDICIÓN (edición: 06/06/2017)




CUENTO CLÁSICO REINVENTADO 


Dicen todas las versiones que he leído de este cuento noruego que las tres cabras eran machos, no sé si por su condición de cabrones como calificativo (que más tarde descubriremos) o por el sexismo imperante en todos los cuentos de la época (para que luego digan del liberalismo escandinavo), en los que las féminas no podían ser más que objetos pasivos de las intervenciones de los machitos. En todas partes cuecen habas.

El caso es que los machos cabríos en cuestión eran abuelo, padre y nieto. Un día, cuando se despertaron, observaron que no quedaba una sola brizna de hierba en los prados donde pastaban habitualmente. El abuelo consideró que no quedaba más remedio que ir a buscarla a las colinas, donde sabía que había pasto en abundancia. Para ello tenían que pasar un puente de piedra que cruzaba el río. Cuando lo alcanzaron el cabrito pequeño, con la intrepidez propia de la edad, se precipitó a atravesarlo el primero. Con lo que no contaba era con que al otro lado había un monstruo maligno, que pretendió comérselo. Como pudo le convenció de que con él no tenía suficiente para saciar su apetito, pero si tenía un poco de paciencia llegaría su padre que era mucho más grande. El ogro aguardó y cuando apareció el segundo, este utilizó el mismo argumento para escurrir el bulto y desviar el asunto hasta la llegada del tercero. El abuelo no tuvo otro remedió que hacer frente al ogro por la fuerza y tirarlo al río, donde murió ahogado.

Termina el cuento diciendo que al reencontrarse los tres se abrazaron, porque se habían salvado gracias al ingenio del nieto y del padre, a la fortaleza e inteligencia del abuelo y a la complicidad existente entre ellos.

El final resulta hasta cursi visto desde lugares como el nuestro, en que los abuelos cabríos y las personas no somos tan civilizados. Con un nieto tan malnacido y un hijo tan cabrón lo normal por aquí hubiera sido tirarlos también por el puente y, si no tenía otra familia mejor que le esperara en casa, haber seguido solo su camino hacia las colinas y haberse buscado una cabra de buen ver para probar mejor fortuna con una nueva vida.


viernes, 9 de octubre de 2020

La serpiente cuadrada (cuento)

REEDICIÓN (edición: 27/06/2017)

 

La serpiente cuadrada


CUENTO POPULAR VIETMANITA SOMERAMENTE RETOCADO


Había una vez un mentiroso compulsivo, de los muchos que pueblan la faz de la tierra. Como habitualmente era objeto de burlas se esforzaba por corregir su defecto, pero siempre terminaba cayendo en inventar sucesos de lo más retorcidos e increíbles.

Un día, al volver a casa, le espetó a su esposa:
—Te parecerá mentira, pero acabo de ver en el bosque una serpiente que por lo menos medía cien metros de larga y cuarenta de ancha.
—Mira que eres exagerado —le respondió la mujer—. Sabes que eso es imposible.
—Quizá fueran ochenta metros de larga y cuarenta de ancha.
—Sigue siendo una barbaridad.
—¿Te creerías sesenta por cuarenta?
—Tampoco.
—Cuarenta por cuarenta y de ahí no bajo ni un centímetro.
—Además de su desmesurado tamaño resulta que era cuadrada —se le pitorreó la parienta.

Avergonzado por el ridículo que había hecho se comprometió  una vez más a dejar de mentir, aunque tuvo poco tiempo para poner a prueba la firmeza de su propósito. A la mañana siguiente volvió a pasar por el bosque, con tan mala suerte que la enorme serpiente cuadrada estaba hambrienta y se lo comió.


miércoles, 30 de septiembre de 2020

La princesa y el guisante (cuento)

REEDICIÓN (edición: 01/06/2017)




CUENTO CLÁSICO REINVENTADO


Narra Hans Christian Andersen el cuento de aquel apuesto príncipe que estaba a punto de quedarse soltero, porque entre las mujeres de su reino no había ninguna de sangre azul para colmar sus aspiraciones. En una noche de tormenta apareció en palacio pidiendo cobijo la que manifestó ser princesa de un reino vecino, la cual había sido sorprendida por la lluvia. Nuestro héroe quedó prendado de su belleza, pero no se atrevía a enamorarse de ella antes de comprobar si su procedencia era la que decía. Su reina madre puso a prueba la veracidad del pedigrí de la chica, colocándole debajo de los colchones de la cama un guisante. Al parecer solo una verdadera princesa tiene la sensibilidad suficiente para notarlo. Como a la mañana siguiente se levantó hecha unos zorros y llena de cardenales, los reyes dieron luz verde a la relación. Unos meses después contrajeron matrimonio.

Investigando tras los colorines colorados de los cuentos, se ha descubierto que el vivieron felices y comieron perdices del que nos ocupa solo duró hasta que resultaron innegables las carencias intelectuales del precioso niño rubio que tuvieron los príncipes. El generoso pueblo aceptó como buena la versión oficial de que todo había sido como consecuencia de un guisante que le había caído en la cabeza, pero todo el mundo pensaba que de los genes de una madre tan tiquismiquis y un padre tan gilipollas no se podía esperar otra cosa.


domingo, 20 de septiembre de 2020

Enteras verdades a medias

 


Pensaba escribir un relato para participar en los Microrretos de El  Tintero de Oro, pero me he ido tanto del argumento ofrecido por el generador que ha terminado por no tener nada que ver con él. No he querido retocarlo, porque el  resultado hubiese salido forzado. En consecuencia, por respeto a quienes se han currado amoldarse al planteamiento del reto, he pensado que lo mejor es publicarlo al margen de la  participación en el mismo.

 NOTA:

Informado  por David Rubio de que este relato encaja perfectamente en  las normas que él mismo  estableció  y animado también por otros compañeros,  he  decidido no ser más papista que el  Papa y solicitar que sea incluído en los Microrretos.

El argumento  del  generador en el que me inspiré fue el siguiente: Una joyera que no tiene capacidad para distinguir hombres de mujeres y un cómico sin éxito que se alimenta solo de comida rápida, investigarán la desaparición de una bailarina de un club de adultos, pero la madame de un burdel se cruzará en sus caminos, en una historia trepidante que habla sobre el rencor y la enfermedad.

 

 

Corrían aquellos tiempos en los que objetos y humanos se relacionaban de tú a tú sin problemas, independientemente de qué cosa o quién fuera cada uno.

Cuando decidieron que había llegado el momento de ponerse las caras, tras estar más de un año chateando todas las noches, Javier propuso que sería conveniente dedicar una sesión a convertir en enteras las verdades a medias que ambos se hubiesen  contado. Algo  así como una confesión, con  el compromiso de absolución por la otra parte. Susana iba a salir por fin de dudas sobre si su profesión de joyero era real o se la había inventado para competir con su indiscreción, puesto que le había dicho que su vida estaba estrechamente vinculada al dinero. Lo que sí consideraría imperdonable sería que le confirmara su sospecha  de que le había engañado también  en su sexo.

El resultado fue que la mentira de ambos coincidió en haber querido humanizar su condición de objetos. Javier era un coqueto joyero de piel donde guardaba sus joyas personales la acaudalada mujer propietaria de Susana, robusta caja fuerte encargada de custodiar su dinero negro pendiente de blanqueo. Él siempre dentro del armario y ella oculta detrás de un cuadro, desconocían lo  relacionados que estaban y lo  cerca que vivían  el uno  del otro.