Cita del día



CITA DEL DÍA: "No se debe usar el desprecio sino con gran economía, debido al gran número de necesitados" (François de Chateaubriand).

Entrada antigua de la semana

ENTRADA ANTIGUA DE LA SEMANA: Pinocho (cuento)


lunes, 30 de mayo de 2016

Onésimo



Diccionario en clave de humor (54)



Pondré en conocimiento de Vuecencia que me llamo Pascual López Jiménez, de oficios varios y una sola afición. Ya en la mili me dijo un sargento que como tuviera en la vida tan buena puntería como con las armas iba a ser padre de familia numerosa. Y en esas estamos. En un permiso dejé preñada a la Pili, mi novia de entonces. El capitán tuvo a bien darme otra semana para legalizar la situación. Cuando nació mi Pascualillo, el 20 de marzo de 1972, ya me había licenciado. Por aquello de una sola afición que decía al principio, antes de un año ya éramos cinco de familia, porque el día de San Valentín de 1973 Dios bendijo nuestro matrimonio con dos preciosas niñas: Pilar como su madre y Carmen como la mía. Pretendiendo que no se apagara la llama de nuestro amor, me empeñé en que no terminara el año sin haber sido padres de nuevo y así fue cómo, en día tan señalado como el de Navidad, vino al mundo Jesús, que heredó su nombre del Niño con mayúscula que también acababa de nacer y de su abuelo materno. El quinto no fuimos a buscarlo, pero vino igualmente. Nos lo trajeron los Reyes en su día de 1975 y, como no nos gustaba Epifanio, le pusimos Antonio por mi padre, por mi abuelo, por los muchos más Antonios que ha habido en mi familia y por San Antonio, a quien tanta devoción le tenía mi abuela. Mi mejor amigo tuvo a bien apadrinarnos el que nació para Todos los Santos del mismo año y le correspondimos llamándole Juan, que es su nombre. Pedro y Elena vinieron juntos en el día del Pilar de 1976. Heredaron la onomástica de dos miembros ya fallecidos de ambas familias, a los que se les tenía especial aprecio. La operación de apendicitis de mi mujer hizo que remoloneáramos un poco y estuviésemos más de catorce meses sin tener hijos. Fue el 28 de diciembre de 1977 cuando nació José, el noveno, al que llamamos así por ser el primer nombre sencillo que se nos ocurrió para evitarle Inocencio, que quería ponerle el mangonero del cura que lo bautizó por aprovechar el santo del día. Tan solo unas semanas después me dio un jamacuco, que se suponía pasajero pero de cuyas consecuencias no he vuelto a ser el mismo. Empecé perdiendo el apetito —se sobrentiende que el de alimentos— y terminé tan mal de la cabeza como hoy me encuentro, hasta el punto de dejar de controlar las fechas de nacimiento y los nombres de mis hijos posteriores. Fue entonces cuando metieron mano en el asunto las alcahuetas de las amigas de mi mujer, resultando que actualmente soy padre de unos cuantos hijos más, con unos nombres tan horteras como de rebuscada pronunciación e imposible localización en el santoral. Sin antecedentes familiares, ni siquiera locales, han entrado a formar parte de la prole —desconozco en qué orden y con qué fechas— Jessica, Jennifer, Elizabeth, Jonathan, Christopher, Bryan, etc., por supuesto con los apellidos López y García. 

Y en esta situación me hallo, dejado de la mano del Altísimo y de toda su cohorte celestial. Hace dos meses nació nuestro último hijo, por el momento. Me preguntó mi mujer si sabía el número que hacía y por no reconocerle que había perdido la cuenta le respondí que el enésimo. Como resulta que está un poco sorda, acabo de enterarme de que le sonó bien y le hemos llamado Onésimo. El nombre no me gusta, pero por lo menos sé que se lee como se escribe y que su santo es el 16 de febrero.


jueves, 26 de mayo de 2016

La mejor careta






La señorita Mercedes había avisado con tiempo suficiente a las niñas para que pudieran preparar los trabajos sin prisas. Llegado el día de la presentación de los mismos, nadie en la clase pudo objetar que las dos caretas finalistas eran las mejores. Sin embargo cada una de las alumnas responsables —Ana y Cayetana— había llegado a la suya por caminos totalmente diferentes. 

Ana aprovechó el fin de semana para realizar unos cuantos diseños. Los sometió a la opinión de su familia antes de quedarse con uno. Después escogió como material para llevarlo a cabo la pasta de papel. Recordó que había sobrado de las figuras hechas con sus padres y hermano para incorporarlas al belén las pasadas fiestas navideñas. Tuvo que pelear con varios bocetos antes de que uno terminara de convencerle. Al definitivo moldeado de su careta le dedicó unas cuantas horas más. Una vez concluida fue pintándola y retocándola hasta que pudo darle su visto bueno. A continuación le hizo dos agujeros por los que meter la goma de sujeción, la cual había sido forrada con una tela de colores que había cosido son suma paciencia porque lo suyo no era la costura. Cuando culminó su obra la contempló con la satisfacción de que había merecido la pena la dedicación empleada.

Hasta la víspera de la entrega Cayetana había olvidado por completo el trabajo, pero su orgullo le impedía presentar cualquier cosa. Le pidió dinero a su madre y fue con la Yoli a la tienda donde en ocasiones habían comprado materiales para fiestas de disfraces. La dependienta le felicitó por su buen gusto, porque enseguida le había echado el ojo a la mejor careta. La pagó sin rechistar y al regresar a casa la dejó junto a la cartera, para que no se le olvidara llevarla al colegio al día siguiente.

No fue esa la primera ocasión en que los profesores compañeros de la señorita Mercedes se habían cuestionado si el certificado de aptitud pedagógica le habría tocado en un sorteo y si la sensibilidad la tenía en las nalgas. Se subieron por las paredes cuando, después de haberles explicado el esfuerzo de una y otra alumna, les dijo haciéndose la graciosa que como las dos caretas eran bonitas y una careta no deja de ser una máscara, se había decantado por la más cara y le había dado el premio a Cayetana.


sábado, 21 de mayo de 2016

Los naturales de Elche






Digo yo que los primitivos habitantes de Elche debieron llamarse elchenses, elchenos, elchinos o de cualquier otra forma consecuente con el nombre de la ciudad. Seguramente sucedería que con el paso del tiempo, al ser un lugar tan privilegiado en todos los sentidos, personas de los alrededores, incluso no tan cercanas, acudirían a establecerse allí. Quienes ya vivían las tratarían como intrusas y se dedicarían a marcar distancias con ellas. No querrían darles documentos que acreditaran su empadronamiento y las considerarían ilegales o ilícitas. Tan ocupados estarían en hacerles la vida imposible, que no tendrían tiempo ni de copular. Como cuando no se folla no se procrea, llegaría un momento en que los elchenses de pleno derecho pasarían a mejor vida sin haber dejado descendencia que pudiera tomar el relevo de su estupidez. Y como ya solo quedarían ilícitos, ellos mismos, tratando de adecuar a su situación un gentilicio que los representara, se autodenominarían ilicitanos. Y desde entonces todos los naturales de Elche, presentes y futuros, pasarían a llamarse así.

Y no me venga el lector a dárselas de culto para cargarse mi argumentación, diciendo que Elche se llamaba ILICI o algo parecido cuando se fundó, porque no creo que nadie vaya a creerse tamaña tontería.


martes, 17 de mayo de 2016

Natural de Burgos






Tanto deslumbró España a Harry que volvió a Gales, su país natal y hasta entonces de residencia habitual, exclusivamente para recoger cuatro cosas y despedirse de la familia. Tenía la doble suerte de haber podido convertir su vocación de pintor en profesión y que esta le permitiera ser todo lo trashumante que el cuerpo le pidiese. La fortuna también le sonrió doblemente cuando se casó con una chica de Burgos, en primer lugar porque era encantadora y en segundo porque cuando nació su hijo, al ser burgalés, pudo llevar en el gentilicio su ascendencia materna y paterna.


viernes, 13 de mayo de 2016

A la sombra del esposo






La novia acudió a la ceremonia con la pureza del agua sacada del pozo. El novio con el aroma del café recién molido. Juntos adquirieron a través del matrimonio el sentido de la infusión. A pesar de que en la mezcla se impuso la liquidez de la novia a la solidez del novio, para no herirle en su amor propio ella renunció a su apellido y aceptó que ambos llevaran el del machote. El agua con café pasó a llamarse café solo. Del contrayente quedó un sedimento en el fondo de la cafetera matrimonial. Alguien preguntó qué era y le respondieron: "Es poso". Y desde entonces a lo que resulta de un novio al pasar por el casamiento se le denomina esposo. Para que siguiera reinando la paz conyugal la mujer aceptó también que se le llamara esposa, a pesar de que ella no había dejado restos. Asimismo los frutos de la unión llevaron el apellido del padre, como si las humeantes tazas salieran exclusivamente del café molido. Diríase que la madre no pone nada de su parte. Que la aportación del agua es anecdótica.


domingo, 8 de mayo de 2016

Diccionario en clave de humor (78)






Reinvención personal, en clave de humor, del significado de las palabras.



AMORTIZAR. Liquidar la sensación de estar enamorado.

APUNTALAR. Tomar nota por escrito de los árboles que van a cortarse.

CHAMACA. Tumbona donde toman el sol las niñas y adolescentes mexicanas.

CONVERSO. Dícese de la persona que se cansó de la prosa.

EBRIO. Río español borracho.

ESTALLAR. Pasar en poco tiempo de la talla 38 a la 50.

FUNERAL. Exequias por una res vacuna joven.

HAMBRE. Deseo ardiente de hombre en la mujer. Ninfomanía.

LUNAR. Pequeña mancha en alguna parte del cuerpo, consecuencia de la excesiva exposición a la luna sin utilizar cremas protectoras.

PERMEABLE. Posibilidad de orinarse en lo que paga el mercado por cada unidad monetaria de beneficio (PER).

PIANO. Constatación de que un pájaro es mudo.

PRESUNTO. Dícese de aquel a quien se supone que estoy sobornando.

PROPIEDAD. Derecho o facultad de poseer el tiempo que se ha vivido.

SOBREVENIR. Estar pendiente de recibir una carta.

TARAREAR. Cantar entre dientes los defectos o manchas que disminuyen el valor de algo o de alguien.



Diccionario (77)                                                                                           Página principal

miércoles, 4 de mayo de 2016

El pintor de los bancos






Se llamaba Pascual Costa y era pintor de brocha gorda. Como sabía moverse con soltura en los despachos del Ayuntamiento, firmó un ventajoso contrato para encargarse de la pintura de todos los bancos de la ciudad. Cuando terminaba con el último volvía a empezar por el primero. Al principio le preocupó que pudiera afectar a su trabajo un cambio de siglas en la dirección del municipio, pero cuando se produjo comprobó que bastaba con encontrar un nuevo destinatario al que entregar el sobre. Una vez aclarada la incertidumbre sobre su futuro le propuso matrimonio a Dolores Pintado, su novia de toda la vida. Muy pronto tuvieron un hijo, al que le pusieron el nombre de Esteban. Aunque les hubiera gustado darle estudios, el paso del tiempo se empeñó en demostrarles que no tenía demasiadas luces. Sin embargo el chico compensaba su déficit intelectual con tesón y buena caligrafía, por lo que el padre decidió hacerle hueco en el negocio. Nadie mejor para ir escribiendo y colocando los carteles de "este banco está pintado". Pareció como si el destino le tuviera reservada esa misión precisamente a él, Esteban Costa Pintado.