Reinvención de sentencias del refranero tradicional
Refranuevo
Refranero tradicional
A buen hambre no hay pan duro.
Refranero tradicional
A buen hambre no hay pan duro.
Cuando no tengo dinero para comprar comida, voy al armario del calzado y me pongo las botas.
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Las palabras amables no cuestan nada, pero valen mucho.
No hace falta ser simpático, ni tener don de llaves, para meterse en el bolsillo un llavero.
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Comer hasta reventar, beber hasta emborracharse; que lo demás es vicio.
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Comer hasta reventar, beber hasta emborracharse; que lo demás es vicio.
Más se juega uno el tipo saliendo todos los días a la carretera, que atiborrándose de torreznos.
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La edad no juega ningún papel, a no ser que se sea un queso.
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La edad no juega ningún papel, a no ser que se sea un queso.
Considerando que los niños de más de dos días no nacieron ayer, lo justo sería concederles la mayoría de edad.
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A la madrastra, el nombre le basta.
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A la madrastra, el nombre le basta.
Mientras se le busca un nombre a eso que suele decirse que no tiene nombre, lo mejor es llamarle “cabronada”.
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Al comer chorizos, llaman buenos oficios.
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Al comer chorizos, llaman buenos oficios.
Un bocata de chorizo no tiene ni pies ni cabeza, sin embargo tiene mucho sentido.
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Mal juzga el arte, el que en él no tiene parte.
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Mal juzga el arte, el que en él no tiene parte.
Lo peor de trabajar por amor al arte es cuando helarte te obliga a buscar otro trabajo que te permita comprar una estufa.
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