Cita del día



CITA DEL DÍA: “Todos los cementerios del mundo están llenos de gente que se consideraba imprescindible” (George Clemenceau).

Entrada antigua de la semana

ENTRADA ANTIGUA DE LA SEMANA: El ascenso a cabo


lunes, 5 de noviembre de 2012

Parábola del banquero pródigo







Había una vez un hombre, de nombre cambiante pero actuaciones similares, que tenía dos hijos. El mayor y predilecto muy bien podría llamarse Emilio y al menor le encajaba perfectamente Inocencio. A pesar de llevar una vida regalada (o precisamente por eso), porque su padre era rico y lo tenía muy contemplado, el primogénito decidió un día marcharse de casa pidiendo  la parte de la herencia que le correspondía. Con gran dolor de su corazón el hombre accedió. Pocos días después Emilio se marchó y se estableció por su cuenta, dedicándose a ofrecer préstamos hipotecarios para tratar de aprovechar el boom inmobiliario. Cuando hubo gastado todo el dinero, sobrevino una crisis (que al principio se llamó reajuste) y empezó a pasar necesidad. Pensaba con envidia en los súbditos de su padre, que tenían pan en abundancia mientras él apenas podía comer. Decidió levantarse, ir a él y decirle: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus putos vasallos". Y así lo hizo. Estando todavía lejos le vio su progenitor, corrió hacia él, se echó a su cuello y le besó efusivamente. No dejándole siquiera iniciar la frase que llevaba preparada, dijo a sus siervos: “Traed aprisa un Giorgio Armani y vestidle, ponedle un diamante en el dedo y unos Louis Vuitton en los pies. Matad el novillo cebado, comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha resucitado; estaba perdido y ha sido hallado”. Y comenzó  la celebración. El hijo menor oyó el jolgorio al regresar a casa del trabajo y preguntó el motivo a uno de los criados. Como no le  convenció la explicación, no quería unirse al festejo. Salió su padre a suplicarle y él le respondió: “Hace años que te sirvo sin rechistar. Jamás he dejado de  cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para hacer una comida con mis amigos; sin embargo ahora viene ese hijo tuyo que ha dilapidado tu patrimonio y matas en su honor el novillo cebado”. El hombre le respondió. “Hijo, tú siempre has estado conmigo y todo lo mío es tuyo. Me has tenido a tu disposición para obedecerme, votarme y pagar los impuestos que te he exigido. Tu hermano, por el contrario, estaba muerto y ha resucitado; estaba perdido y ha sido hallado”.

A partir de ese día el padre fue vendiendo una buena parte de la hacienda que le quedaba para dejar libre de deudas a Emilio. La economía del lugar se resintió y subió los impuestos para  poder subsistir. Inocencio se quedó sin trabajo, por lo que no pudo seguir pagando la hipoteca de su casa y lo echaron  con su familia a la puta calle.

40 comentarios:

  1. Je je ¿modernizando la parábola del hijo pródigo? Verás como se entere el Vaticano...y el caso, es que con esta interpretación te das cuenta de que vigentes siguen determinados temas.
    Muy bien traído Chema, una crítica muy elegante a la sinvergüencería.
    Muchos besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuando era pequeño creía que muchas de estas parábolas las entendería cuando fuera mayor, pero llegué a la edad adulta y muchas de ellas tampoco.
      Besos.

      Eliminar
  2. La vida está llena de injusticias, aceptarlas quizá sea lo más adecuado. Pero siendo hombres racionales que perdemos raciocinio al momento de sufrirlas, esto no va para todos. Somos distintos unos de otros, la puta calle está llena de ellos, de nosotros.
    Abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No creo que aceptarlas sea lo más adecuado, porque si nadie dice nada (aunque pueda hacerse poco) dejan de parecerlo.
      Otro abrazo para ti, Walter.

      Eliminar
  3. Una historia antigua y siempre vigente. La has adaptado de muy buena menera, siempre habrán injusticias inluso entre los progenitores y sus vástagos, siempre seguirá pasando.

    Lo peor que saco de este relato (y de la vida misma)es no encontrarle explicación a que un padre no sepa valorar las acciones de sus distintos hijos y que para beneficiar a uno sea capaz de hacer daño a otro incluso cuando no tenga motivos para ello.

    Siempre se ha dicho que el cariño es igual para todos los hijos pero no así la preferencia.

    Un beso, Chema-

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Parece que es ley de vida y más cuando, como en este caso, los padres no son padres y los hijos no son hijos de verdad.
      Otro beso para ti.

      Eliminar
  4. He leído y releído la entrada que me parece genial (acabas de inaugurar una nueva sección :)).
    Había preparado un comentario pero al final lo he borrado porque lo esencial no necesita fiorituras y tú vas a entenderlo con esta frase: Me alegro mucho que hayas escrito esta parábola. Mucho. Un fuerte abrazo, Chema.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No sé si nueva sección, pero sí había pensado en darle vueltas a alguna que otra parábola para tratar de encontrarle una segunda lectura.
      Me alegra que te alegres de que haya escrito esta parábola. Y no te cortes en comentar lo que quieras. Siempre enriqueces mis entradas con tus comentarios.
      Un fuerte abrazo, Karima.

      Eliminar
  5. Comprendo la similitud, pero tal vez no esté tan claro, si el banquero se ha arruinado concediendo créditos a gente que no podía pagarlos y si tenemos en cuenta que el dinero que hay en los bancos pertenece a personas que lo han depositado allí y no quieren perderlo. Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las personas que han depositado el dinero en los bancos para invertirlo en activos financieros sin riesgo no lo pierden, porque para eso están los fondos de garantía. En todo caso pueden perderlo quienes, comprando acciones del banco, se hacen propietarios del mismo en la parte proporcional que les corresponde y asumen, para bien o para mal, la gestión del banco. Esta gente sí que está invirtiendo su dinero en valores especulativos (acciones) y pueden ganar mucho más que los otros, pero también perder.
      Lo que no parece lógico es que cuando vayan bien las cosas el beneficio sea para el banco y cuando vayan mal el perjuicio nos lo tengamos que repartir entre todos.
      Besos.

      Eliminar
  6. Interesante relato, el cual más de uno debería tomar nota de esta magistral lección.
    Saludos Macondo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Rafa, por tu generoso comentario.
      Saludos.

      Eliminar
  7. ¡¡Esque la vida no es justa Chema!! jajaja
    ¿Tu estás seguro que el inocencio se quedó en la calle? ¿No será que el padre le subió los impuestos a los putos vasallos y al final el padre, el Emilio y el Inocencio vivieron como Dioses a cuenta de los pobre vasallos?
    Genial entrada, querido. Así es, al final pringan los mas "inocencios"
    Besazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los políticos y los banquero no pierden nunca, por lo que al padre y a Emilio no les afecta la crisis. El pobre Inocencio ejerce de vasallo más que de hijo, por lo que le toca correr la suerte de un ciudadano de a pie.
      Muchas gracias, hermosa.
      Besos.

      Eliminar
  8. Una historia muy real, real del todo, alguna que otra familia conozco yo así, siempre hay un hijo favorito y lo digo por propia experiencia aunque en un ámbito más humilde.

    BESITOS.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo puedes aplicar a un entorno familiar, pero también a un país completo. Un padre gobierno (que aunque cambie de nombre el resultado es parecido), un hijo banquero (casualmente llamado Emilio) y otro hijo pueblo llano (con su santo el día 28 de diciembre).
      Besos.

      Eliminar
  9. Esta parábola, nunca me pareció, … cuando eres mamá, resulta, que recibes al hijo prodigo, aunque no haces fiesta, pero siempre estamos perdonando a uno u otro, aunque no es tan dramático, como se van y piden a herencia, … me aclara mucho la respuesta que le das a Dolega, me hace sentido, el por qué Inocencio, tambiém pierde, me gusta tu Parábola, miles de abrazos, TQM

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aquí los únicos que no pierden jamás son los banqueros y los políticos. Entre ellos se protegen, para repartirse el pastel.
      Un fuerte abrazo, Regina.

      Eliminar
  10. Ya dijo Jesús: “Hay más alegría en el Cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc. 15, 7)."
    De aquella lluvias vienen estos lodos.
    Muy buena actualización de la parábola del hijo pródigo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. O el buen pastor, que para ir a buscar a la oveja que se ha perdido deja a su suerte a las 99 restantes. A lo mejor vuelve satisfecho por haberla encontrado y se encuentra con que el lobo ha hecho estragos entre ellas.
      Un abrazo.

      Eliminar
  11. Yo al primogénito le hubiera llamado Rodrigo en vez de Emilio, puesto que son los rodrigos los que están chupando dinero público, los emilios que se sepa no, los emilios se fueron con su dinero, montaron los bancos y mal o bien se mantienen sin necesidad de que papá les de dinero, son los rodrigos, los que, puestos ahí precisamente por papá, con otros hijos de papá a su lado, quienes dilapidaron dinerales y ahora necesitan que se les rescate del abismo.

    Por que hasta el Banco Popular, con necesidad de financiación, va a recurrir a ampliaciones de capital, no al dinero público, y el mismo presidente de la entidad dijo que es lo lógico, que es privado y como entidad privada debe salir con sus propios medios del atolladero, no, no son los Emilios, son toda la panda de políticos metidos a banqueros, son las cajas de ahorro, regidas por políticos, la banca semipublica e impúdica, quienes nos toman a todos por inocencios.

    Aun asi, con ese matiz con el nombre, el cuento es muy bueno, felicidades.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No trago ni a los banqueros ni a los políticos, pero quizá tengas razón. Son peores los políticos metidos a banqueros, porque se juntan las dos ganaderías en una. Les falta profesionalidad y jugarse algo que en ocasiones también es propio. Acepto el matiz.
      Un abrazo.

      Eliminar
    2. Es que con el dinero de uno siempre se controla más, cuando el dinero es de otros... fíjate las indemnizaciones millonarias de consejeros de cajas de ahorros puestos a dedo por partidos y sindicatos...

      A mí me caen peor los dueños de las gasolineras mira :D

      Eliminar
    3. Está claro que es una vergüenza todo lo que se ha hecho y que sigan funcionando como si tal cosa.
      Con respecto a los gasolineros, me pillas en fuera de juego. No les tengo pillado el tranquillo.
      Un abrazo.

      Eliminar
  12. Yo no sé por qué Emilio o por qué Rodrigo, pero me ha encantado la parábola Mac. Cuánta razón tiene. Besote.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Emilio podría ser Botín y Rodrigo podría ser Rato, pero como dice Dess eso son matices. Yo, si te ha gustado como dices, me quedo tan contento.
      Besos.

      Eliminar
  13. Me suena este cuentito... Me suena... ¿De qué me suena?
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Todavía no he puesto la denuncia, pero me lo copió San Lucas en su Evangelio.
      Besos.

      Eliminar
  14. Joder, macho, qué bueno es esto de no dejar de asombrarse visitando a los compañeros blogueros cada dos por tres. En verdad te digo que lo has bordado. Y el que tenga oídos para oír, que oiga.
    Hay que ver cómo se repite la Historia, macho... Pero hay que admirar, sobre todo, el arte para encontrar las similitudes y traerlas de vueltas acá.
    Mi más sincera admiración y mis cordiales saludos, Maestro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Va a parecer que estamos de juegos florales, pero me ruboriza que uno de los blogueros cuya escritura más admiro me llame maestro. Simplemente que me leas ya es un honor para mí. Que lo sepas.
      Un fuerte abrazo, Jesús.

      Eliminar
  15. ¿No se supone que los padres deben siempre proteger especialmente a sus hijos más débiles? Yo misma lo he dicho, se supone.....

    Como "Inocencia" que soy, aunque todavía me queda un año para poder seguir pagando la hipoteca, decirte que me ha encanta como has versioneado este "cuento".

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Versionado!!
      Ainss, como estoy!.........

      Eliminar
    2. Se había entendido. Me encanta a mí que te haya gustado.
      Besos.

      Eliminar
  16. Bueno pues, desde luego, no termina igual de bien que su referente evangélico, claro que tampoco sabemos como terminó aquel, ya que no hay una segunda parte que destripara las consecuencias de aquellos actos. Claro que hijos pródigos como el que se narra, hay muchos y Inocencios no quiero ni contarle. Le invito a que se pase por La Guarida. Hay un chiste que le vendría como anillo al dedo.
    http://pepecahiers.blogspot.com.es/2012/11/desahucios.html
    Saludos y buen blog.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que va a ser mejor que nos tuteemos.
      Efectivamente, "inocencios" hay muchos más.
      Ahora voy a echarle un vistazo a ese chiste.
      Muchas gracias por tu visita. Vuelve cuando quieras.
      Saludos.

      Eliminar
  17. Macondo, me has dejado sin palabras por lo ingenioso de tu relato y porque aunque no en la forma, en el fondo coincide con el que puse ayer en mi blog. Esto de los desahucios parece que no es nuevo por lo que se ve y los beneficios se los llevan los mismos. Mira que oí veces esa parábola en la iglesia y nunca la había sentido tan actual, necesitaba una interpretación adecuada: la que nos das hoy aquí.

    Un cariñoso abrazo :)

    ResponderEliminar
  18. Se nota mucha mala leche en el texto, pero es que no me extraña.
    Muy buena la comparación, y muy bien escrito.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  19. Respuestas
    1. "Me duele España", que decía Unamuno.
      Un abrazo, Garriga.

      Eliminar