Cita del día


CITA DEL DÍA: "La inteligencia me persigue, pero yo soy más rápido."

Entrada antigua de la semana

ENTRADA ANTIGUA DE LA SEMANA: Los tres cerditos (cuento)


martes, 28 de julio de 2015

Retazos de mi vida



Imagen tomada de la red



El día que nací la comadrona le dijo a mi madre:
—Ha tenido usted un solterón pelirrojo.

Lo de soltero hubiera sido una obviedad, pero el aumentativo le daba a la afirmación el valor de arriesgar que yo iba a ser perseverante. Intuitiva que debía ser la mujer, porque lo infrecuente es ejercer de célibe toda la vida. Sin ningún mérito por mi parte, desde luego, a pesar de que mis amigos casados manifiesten verlo de otra manera cuando me llaman suertudo y cabrón. Al fin y al cabo, con ese estado civil nacemos todos. Quedarse quieto sin cambiar nada no es para que le pongan a uno un monumento, aunque se encuentre tan ricamente en esa situación.

Lo de la pelirrojez hubiera podido resultar más o menos normal si hubiese habido algún otro miembro de las últimas generaciones de mi familia con esa característica. Pero hoy no hablaré de ella, porque ya escribí hace tiempo esta entrada sobre la misma.

Cuando yo era niño muchos colegas querían llegar a ser Di Stefano o Kubala. Otros piloto o bombero. Otros abogado del estado o ingeniero de caminos canales y puertos. Yo no. Yo quería ser mayor para fumar. Era la más importante ilusión de mi vida. Y puedo dar gracias al cielo por haberlo conseguido y además con buena nota. Estuve unos cuantos años fumándome más de tres paquetes diarios.

Mi condición de fumador fue el mayor motivo de orgullo que le di a mi padre. Como era tirando a enclenque y mal estudiante, tampoco tenía el pobre demasiadas opciones donde elegir:
—Este hijo mío ha salido fumador como yo. Con el vicio arraigado. No como esos que tan pronto lo toman como lo dejan.


viernes, 24 de julio de 2015

Diccionario en clave de humor (77)






Reinvencion personal, en clave de humor, del significado de las palabras.



CAÑA. Cerveza para pescar.

CARÁCTER. Letra o guarismo temperamental.

CELULAR. Teléfono con que en Hispanoamérica se ponen en contacto los organismos vivos de tamaño microscópico.

COLA. Sustancia para pegar unos rabos con otros hasta formar una hilera.

CREMATÍSTICO. Interés pecuniario de una natilla.

CUBO. Recipiente elevado a tres.

DICHOSO. Que es feliz molestando.

ENTRADA. Cantidad que se entrega como primer pago de una calva.

GENERAL. Graduación común a todos los militares.

LISTO. Dispuesto para ser sagaz.

NECESER. Tener necesidad de una bolsa para guardar los objetos de aseo.

PELIAGUDA. Película sutil.

RESTAURADOR. Persona que tiene por oficio recuperar comidas deterioradas.

TENDEDERO. Dueño o dependiente de una tienda para vender tendedores.

TENEDOR. Instrumento de mesa que posee legítimamente alimentos sólidos.


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jueves, 16 de julio de 2015

De cañas con Marisugus






Nos hemos puesto las caras y ella lo ha contado ASÍ.


He ganado su concurso y me plantea dos alternativas, pensando que voy a elegir la otra. Y me quedo con la de que me invite a un helado. Te fastidias. Dice que cuando se acercaba el momento le entró un poco de canguelo. Yo, que he sido siempre tímido, infundiendo respeto a alguien. Qué cosas. Por otro lado lo entiendo. Eso de quedar con un señor que te lleva casi 30 años, sin conocerlo de nada, tiene que ser un poco palo. A ver cómo le digo que me ha surgido un imprevisto cuando me dé cuenta de que es un plasta. Pero es imposible que eso suceda, al menos con Marisugus. Porque es tal cual escribe en su blog, sin dobleces, ni mariconadas. Podríamos llamarla, como Gila a su abuela, la espontánea. Aunque seas un muermo, con ella te vienes arriba. Todo resulta muy sencillo. Parece como si la conocieras de toda la vida. La conversación fluye con naturalidad, del helado pasas a las cañas y cuando quieres darte cuenta han pasado más de tres horas y te da penica tener que dejarlo para otro día. Porque tiene que haber otro día.

Aunque todo el mundo lo sabe, ahora puedo decirlo todavía con más elementos de juicio: es un SOL.


sábado, 11 de julio de 2015

Síntomas inadvertidos






Aparentemente era una persona normal, nacida en una familia normal. No le pusieron de nombre Filomeno, ni Jonathan (para llamarle Jonatancico), ni cualquier otro de los que pueden acarrear traumas infantiles de esos que se llevan ahora. Desde niño se relacionó bien y tenía bastantes amigos. El primer ramalazo que se le detectó fue cuando empezó a dejarse larga la uña del dedo meñique. Quizá le faltó que alguno de sus seres queridos le dijera que era impropia de él semejante horterada, pero su vida y su uña siguieron su curso. Se casó con su novia de toda la vida y tuvo dos hijos de lo más aparentes. El segundo motivo de preocupación fue cuando avanzó su calvicie y se dejó la cortinilla. Tampoco en esta ocasión hubo un alma caritativa que le aconsejara visitar a un psiquiatra. Cuando su mujer y sus hijos aparecieron descuartizados en el congelador del garaje, nadie pareció recordar que ya había dado síntomas de desequilibrio.


domingo, 5 de julio de 2015

Jugando con las palabras






Es proboscidia por ser elefanta.

EleFanta de naranja o de limón.

Limón digo cuando es grande la lima.

Limaco diría si fuera un caracol.

Cara col es verdura de alto precio.

Precioso es el sonido de acordeón.

Acordeón instrumento en el recuerdo.

Recuerdo es un sensato al por mayor.

Mayor K es K mayúscula y Mallorca,

Mallorca es grande y Menorca algo menor.

Me enorgullece que de estas tonterías,

te rías un poco y seas mi lector.


miércoles, 1 de julio de 2015

Tempus fugit






Tenían razón mis mayores cuando me decían que el tiempo pasa cada vez más deprisa. En realidad transcurre siempre igual, pero conforme vamos cumpliendo años se nos hace más corto. Supongo que el motivo es que la unidad de medida (nuestra vida) va creciendo, por lo que cada vez hay que multiplicarla por menos para medir el mismo período. Cuando me hablaban de un año y yo tenía cuatro, suponía la cuarta parte de mi vida. Actualmente es la sesentava parte, o sea como un minuto en toda una hora. Un suspiro.

¿No os acordáis cuando de niños nos daban consejos al empezar el verano (especialmente si las notas no habían sido del todo buenas, como solía ser en mi caso) sobre los planteamientos que debíamos hacernos para el curso siguiente? Solo un mayor podía pensar en algo que estaba a más de tres meses vista. Porque aquellas vacaciones eran de 21 de junio (San Luis Gonzaga, mi santo favorito) a primeros de octubre. Quizá fuera lo único que teníamos mejor que los niños de ahora.

Recuerdo cuando esos mayores me hablaban de la guerra civil española. Me parecían batallitas medievales, cuando en realidad solo había nacido catorce años después de su finalización. Hace sin embargo cuarenta años de la muerte de Franco y me parece que fue anteayer. Cuando sucedió, yo ya estaba en la universidad. 

Que nadie piense que me hallo con la depre por hacer estos razonamientos. Me encuentro estupendamente. De hecho, creo que estoy cada día más joven. Y más guapo.