Cita del día


CITA DEL DÍA: "El destino puede seguir dos caminos para causar nuestra ruina: rehusarnos el cumplimiento de nuestros deseos y cumplirlos plenamente" (Henri-Frédéric Amiel).

Entrada antigua de la semana

ENTRADA ANTIGUA DE LA SEMANA: El banco del parque


lunes, 19 de octubre de 2015

Pinocho (cuento)






Geppetto era un anciano y humilde carpintero, al que de vez en cuando le gustaba fabricar muñecos de madera. Cuando terminó de dar los últimos retoques de pintura a Pinocho, se quedó mirándolo con el orgullo de quien se da cuenta de que está ante su obra maestra. Un hada en prácticas quiso aprovechar la ocasión para premiar su bondad, dándole vida a la marioneta para que se convirtiera en el hijo con que siempre había soñado. Cuando el artesano entro en el taller a la mañana siguiente y escuchó por primera vez la palabra papá de sus labios, creyó volverse loco de alegría. 

A continuación le entró una enorme preocupación porque a su recién estrenado hijo no le faltara de nada. Lo cogió de la mano y fue a hablar con el maestro de la escuela para matricularlo. Después a la librería, para comprarle el material escolar que le hacía falta. En la tienda de ropa le encargó todo lo necesario para que fuera impecablemente vestido. En la juguetería le dio unos cuantos caprichos que se le habían antojado. A un albañil le encargó la ampliación de su vivienda, para poder añadir un dormitorio. Como tenía que construir los muebles para el mismo, acudió a casa de unos clientes para rechazarles un pedido que acababan de hacerle. En el Ocaso se hizo un seguro de vida y el de fallecimiento, por lo que pudiera pasar considerando su edad y que su salud no era demasiado buena. Por último acudió a su banco habitual para contratar un plan de ahorro enfocado a los estudios universitarios de Pinocho, así como para hipotecar la carpintería con objeto de poder hacer frente a los pagos que se le estaban viniendo encima. Volviendo para casa vio que doña Berenguelita ya tenía lotería de Navidad y le compró dos décimos. 

Al cabo de unos meses los gastos se le empezaron a acumular, hasta que su situación económica se hizo insostenible. Por otro lado el chico tampoco era feliz. Sus compañeros de escuela se mofaban de su cuerpo de madera y no querían jugar con él. Con esa sensibilidad con que solo los niños saben tratar a quienes se sienten desvalidos, frecuentemente le acercaban un mechero diciéndole que iban a prenderle fuego para calentarse las manos. 

El hada en prácticas acudió a su tutora para exponerle la situación. Esta le dio ánimos diciéndole que lo importante era que había actuado con la mejor intención, si bien le había faltado la visión de futuro que solo se consigue con la experiencia. Aprovechando que el día anterior se había celebrado el sorteo de Navidad de la lotería y Geppetto todavía no le había echado un vistazo al periódico, falsificó la noticia en su ejemplar haciendo ver que le había correspondido el premio gordo. Cuando lo leyó se lo comentó alborozado a Pinocho. En el momento en que padre e hijo estaban abrazándose llenos de alegría, el hada veterana paralizó la escena. De esta forma quedaron inmortalizados para la posteridad en una preciosa talla de madera rebosante de felicidad. 


38 comentarios:

  1. Hola. muy original esta versión más actual del clásico Pinocho. Qué bueno lo de falsificar que le había tocado la lotería... seguimos en contacto

    ResponderEliminar
  2. Escribes de puta madre, Macondo. Lo digo en serio :)

    Pobre Geppetto, de todas formas. Con lo tranquilo que estaba él hasta que apareció el hada en prácticas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu generosidad.
      Como los amores, también hay favores que matan.

      Eliminar
  3. No hace falta más para quitarme las ganas (que no tengo) de tener hijos. jajaja!

    ResponderEliminar
  4. ¡Mierda! ya no podemos confiar ni siquiera en las hadas veteranas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es bastante mejor la imprevisión de la inexperta, desde luego.

      Eliminar
  5. Un poso de tristeza trasciende la pantalla. ¡Cuánto de vida real hay en tus palabras!
    Un beso Chema

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me habré contagiado de tu loba.
      Otro beso para ti, María Pilar.

      Eliminar
  6. jajajajaja Ay Macondoooooooooooooooooo!

    muy bueno, me ha encantado!

    Besitos =)))

    ResponderEliminar
  7. Respuestas
    1. Algo que te habrá asustado. Relájate, que a la niña tienes que transmitirle serenidad.

      Eliminar
    2. :D :D qué es buenísimo, digo.

      Eliminar
    3. Ya te había entendido. Gracias.

      Eliminar
  8. Menos mal que ha acabado bien, eh? Que te veía venir...
    Pero este me ha gustado, casi más que el cuento real, que Pinocho siempre me ha parecido muy triste...
    Besitos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No estoy yo tan convencido de que eso sea acabar bien, pero son puntos de vista.
      Besos, Alicia.

      Eliminar
  9. Ese hada en práctica escogió un momento precioso para para la acción. Me alegra, porque esa ballena extraña no me convenció nunca de las bondades y moralejas de cuento

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí que está un poco cogida con alfileres la ballena, es verdad.
      Un abrazo.

      Eliminar
  10. Me ha gustado ese final. Si no hay un momento posterior, murieron felices aunque no comieran perdices y sin ser pareja de hecho.,

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me parece que no se les ha dejado opción a momento posterior, salvo que llegue algún hada novata y los desinmortalice.

      Eliminar
  11. Todo es un engaño eh... vaya cara tiene el hada veterana...

    Jo.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí tampoco me gusta. Vaya solución.
      Saludos.

      Eliminar
  12. Dan penilla los dos, pero mira, al final se quedan en un abrazo ignorante y feliz. Entiendo al hada perfectamente aunque sea un engaño y todo lo que tú quieras...
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Inmortalizados en una mentira piadosa. El que vea la talla conociendo la historia les verá un poco cara de pardillos.
      Besos.

      Eliminar
  13. Que no hay que ponerse en tantos gastos, igual recuerdo que en el cuento comían coles y tan felices jejej

    Un saludillo ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No me acordaba yo de las coles, pero lo de las flatulencias ya lo puse en las habichuelas mágicas.
      Otra saludo para ti, Xurxo.

      Eliminar
  14. ¿Bien pudo el hada darle el boleto premiado eh? Xddd! Me ha gustado mucho. Biquiños!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes razón. Son ganas de complicarse, con lo sencillo que lo tenía. Claro que el cuento hubiera tenido menos gracia.
      Besos.

      Eliminar
  15. Me parece que lo que hemos leído hasta ahora ha sido un calentamiento en la banda. ¡Qué crack! No sé si en esta sección has puesto podio, como en el diccionario, pero si lo hay, mi medalla de oro para este cuento.
    Para mí el final del cuento no podía ser mejor (veo que tenemos puntos de vista diferentes). Ojalá hubiera más hadas veteranas para detener los finales desdichados de los que somos siempre responsables. De esa forma quedaríamos exonerados de pagar nuestra condena hasta la tumba y más allá. Pero no es así como va la vida. Nadie se libra de pagar sus errores, aunque estén teñidos de buenas intenciones. Los resultados están abocados a ser los mismos cuando corremos tanto riesgo y pecamos de falta de austeridad (un valor desprestigiado durante mucho tiempo), fingiendo ignorar que nuestro término puede encontrarse a la vuelta de cualquier exceso.
    Un fuerte abrazo, Chema

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo creo que el podio del diccionario lo pusisteis los propios lectores, aunque a mí me venía muy bien.
      Coincido contigo en que el valor de la austeridad está en decadencia. Lo de ahora, consecuencia de la crisis, no es austeridad sino "a la fuerza ahorcan".
      Otra fuerte abrazo para ti, Karima.

      Eliminar
  16. Es lo que pasa si vamos despilfarrando, que luego non quedamos mirando al norte. Bonito el cuento y que ilusión con la lotería, aunque el hada me parece que fue un poco cabrona y los tenía que haber dejado disfrutar del premio, jajaja. Yo conocía un tío que se le iba la pinza, y una vez en la quiniela de fútbol, cuando ya finalizaron todos los partidos y sabía los resultados, cogió un boleto, lo relleno, y fue al quiosco diciendo que tenía la quiniela premiada; vamos los catorce que creo que eran entonces, ahora ni lo sé. Por cierto y volviendo al cuento, no sé porqué al leer lo de Pinocho, me he acordado de Rajoy.

    Abrazo Macondo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La solución estaba en que los poderes del hada llegaran a poder cambiar el número premiado por el que llevaba el carpintero, tal y como dice Mandi, porque si no la alegría hubiera durado poco.
      Lo de Rajoy debe ser obsesión tuya, porque la verdad es que no me he inspirado en él.
      Otro abrazo para ti, Rafa.

      Eliminar
  17. Eso se llama paternidad responsable. Hay que ver que final del cuento te has inventado....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El final es consecuencia de la supuesta paternidad responsable.

      Eliminar
  18. Esa hada en prácticas está falta de practica, hay que pensar las consecuencias de los actos, ahora están padre e hijo asfixiados con los gastos . Las cosas no son como empiezan sino como continúan y estos al final se inmortalizan en un abrazo felices. Yo de la otra versión no me acuerdo mucho solo recuerdo que al muñeco le crecía la nariz cuando mentía.
    Besos Chema .
    Puri

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo creo que lo de la nariz es lo que más se nos quedó a todos.
      Besos, Puri.

      Eliminar