Cita del día


CITA DEL DÍA: "El pasado ya no es y el futuro no es todavía" (San Agustín).

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lunes, 9 de julio de 2012

Nosotros los pelirrojos







Comentaba el otro día mi vecina del blog de arriba que a su hija no le gustan las pecas. Suele haber un motivo para que a alguien no le gusten las pecas: tenerlas. El que ya no es exactamente igual es el inconveniente que cada uno de los poseedores de las mismas les encontramos. Seguramente la hija de mi vecina pensará, equivocadamente, que no  le favorecen. Cuando a su condición de mujer se une esa edad, esa melena pelirroja, esos ojos azules y esa  madre, no hay aditamento (incluidas las pecas) capaz de perturbar una belleza garantizada. Estoy seguro de que en su caso la realzan.

Al  portador de pecas que suscribe le afectaron de otra manera, aunque desde hace ya mucho tiempo puede convivir con ellas sin mayores problemas. No me estoy refiriendo siquiera a sus años mozos, en los que realmente no llegó a plantearse seriamente lo que podían influir en sus más que dudosos encantos faciales. El problema fue en su infancia, cuando su moflete era pellizcado brutal y reiteradamente por las señoras que le consideraban salao por el mero hecho de ser pecoso. Y entonces no había números de teléfono para poder denunciar ese tipo  de acosos.

En muchas ocasiones las pecas son uno de los síntomas de que eres pelirrojo. Como en el caso de la hija de mi vecina de blog. O como en el mío propio, aunque yo ya no pueda presentar la zona capilar como prueba definitiva. Con el paso del tiempo he ido recuperando la cabeza del pelo, hasta que he terminado por tomar la decisión de ampliar el área de afeitado y llevar el cráneo tan rapado como la cara. Calvo, pero honrado. Nadie podrá decir que me dejo el pelo largo para hacerme una cortinilla. Pero uno es peludo y el vello no le deja por embustero, además de un color de piel que aún habiéndose curtido con los años sigue tendiendo a lechoso. 

Es esa piel la principal dificultad con que nos encontramos los pelirrojos españoles para adaptarnos a un clima para el que no nacemos adecuadamente acondicionados. No era infrecuente que en las primeras noches de mis veranos infantiles, sobre todo en esa época en la que ya me había liberado un poco de las alas de una madre clueca, tuviera que dormir entre pañuelos de seda para poder soportar el roce de las sábanas. Ahora existen factores de protección, after sun y otros adelantos, pero uno pertenece a la generación de la nivea. Nivea para antes, nivea para durante y nivea para después. Y donde no llegaba la crema se hacía lo que se podía con los remedios caseros.

El hecho de que no dé el tipo de moreno español no implica que renuncie un ápice a mi orgullo de ser de aquí. Considerando que mis escasas dotes para el aprendizaje de idiomas las dediqué al francés, porque estudiaba en aquellos tiempos en los que se decía que la lengua de los gabachos podía ser más útil porque estaban más cerca, resulta que de inglés no sé ni palabra. También es culpa mía por no haberme buscado la vida después, pero ese es otro asunto. El caso es que las veces que me he relacionado con los ingleses yendo con amigos nacionales, se han dirigido a mí pensando que era uno de los suyos. Y no hay cosa que más me subleve, porque como buen español no puedo tragarlos por su prepotencia.

Yo soy pelirrojo por la gracia de Dios. Y no  lo digo  por estar especialmente orgulloso de serlo, sino  porque el Creador quiso hacer esa gracia conmigo. Mi padre era más moreno que la madre que me parió, que es castaña oscura. Entre esos dos pelajes se mueven mis hermanos. De pequeño se empeñaron en buscarme un tío lejano pelirrojo, hasta que se dieron cuenta de que había asumido con naturalidad mi condición de raro de la familia. En ningún momento  me cupo  la menor duda de nada. En primer lugar porque la honestidad de mi  madre es una de las pocas cosas por  las que pondría la mano en el fuego en este mundo. En segundo porque todavía soy de los que nacían en casa, lo que evita cualquier posibilidad de confusión o cambiazo. Además un día que estaba  mi padre  con el  brazo levantado  pude observar en su axila algunos pelos rojizos, entremezclados con los morenos. Desde entonces puedo presumir y presumo de haber salido al sobaco de mi progenitor.

16 comentarios:

  1. Ya sabes: bendita la rama que al tronco sale, o al sobaco. Yo nací rubia casi albina y con la piel blanca transparente, así que sé de lo que hablas sobre quemarse entero.:) Un beso.

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    1. Deberíamos nombrar patrón a San Lorenzo, que de esto de las quemaduras sabe bastante. Ya lo es de Huesca, ciudad de nacimiento de mi padre. Besos.

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  2. Ya habías dado pistas con la foto de la entrada “Mi padrino” o por lo menos, así lo entendí yo en su día.
    Me ha gustado mucho tu entrada, escrita con humor.
    Las personas inteligentes, que desgraciadamente son minoría, no huyen de las posibles diferencias ajenas sino de los acomplejados. Los prejuicios retratan a quienes los alimentan y para esos casos, aplico el proverbio árabe “los perros ladran, la caravana pasa”. Un abrazo.

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    1. La verdad es que nunca he tenido problemas con el color de mi pelo (tampoco tenía por qué tenerlos), salvo los inconvenientes propios del color de la piel y las molestias (evidentemente exageradas) de las señoras citadas en el escrito.
      También recuerdo una pregunta que me hacían, que dejó de ser original por su reiteración: “¿Tomas el sol con colador?”.
      Lo que sí solía desconcertar bastante (sobre todo en los pueblos) es que fuera muy tranquilo, porque a los “royos” (como se dice por estos lares a los pelirrojos) se les atribuye la condición de muy traviesos.
      Tu proverbio árabe es casi calcado a una cita que se atribuye a don Quijote, pero que al parecer no aparece en toda la obra. En cualquier caso dice lo siguiente: “Ladran, luego cabalgamos”. Hay muchos proverbios árabes que me gustan y voy a recoger en breve unos cuantos en mi “cita del día”.
      Muchas gracias por estar siempre ahí, Karima. Un fuerte abrazo y buena semana.

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  3. jajajaja. Me ha encantado. Muchas gracias por la mención.
    La Niña, aquí puedo hablar lo que me de la gana, es peliroja, peliroja,peliroja. No tiene pestañas y apenas tiene cejas. Pero ella sí tiene un porqué claro y es mi padre, que era un Canarión pelirojo total y en su familia que eran nueve hermanos cuatro eran morenos como la noche y cuatro pelirojos totales. Lo de los mofletes lo sufrió mucho mi hermano. Recuerdo que lo llamaban "Pelo de pinocho" y todas las tías iban a por sus mofletes enseguida. Yo me salvé por ser rubia y no peliroja y poner cara de asco ante los achuchones, besos y demás."Qué cardo es esta niña, dios mio" gritaban todos y así yo me salvaba.
    Besazo

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    1. La mención era de justicia, porque me inspiré en tu entrada para hacer ésta.
      A mi también me decían como a tu hermano, pero “pelo de panocha” (mazorca de maíz), supongo que por la semejanza de colores. También “royo (pelirrojo) mal pelo”.
      Muchas gracias por tu comentario. Feliz semana. Besos.

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  4. ja ja, una de tus mejores entradas Macondo..."he salido al sobaco de mi padre" genial!
    Tengo una querencia especial con los y las pelirrojas, siempre me hubiera gustado serlo, es más aprovechando que no lo soy, y sin embargo siempre he tenido la cara llena de pecas como si lo fuera, a los 17 me teñía el pelo de naranja zanahoria y estaba monísima, ahora lo dejo en rojizo más discreto, pero queda chulo, siempre me gustaron mis pecas, además tienen una ventaja, te sale un granito y a no ser que sea muy bestia, se confunde con las pecas y ya está...siempre que no sea al revés y las pecas parezcan granitos...espero que no...
    Un beso, estupenda entrada de verdad!

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    1. Supongo que también tendrás la piel delicada. Por eso, en las playas, somos más carne de chiringuito (y de paso de mojito) que se sol. Debieron inventarse para nosotros.
      Gracias por tus ánimos, guapa. Así da gusto.
      Besos.

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    2. Ja ja, me has dado la idea perfecta para tener siempre la excusa del chiringuito, no se me había ocurrido, que tonta soy, a partir de ahora la utilizaré

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    3. Pues ya lo sabes. Y de paso puedes decir que te ha dicho un amigo, de absoluta confianza, que para la hidratación de las pieles delicadas es especialmente bueno el mojito. Si te muestras convincente al final le vas a coger gusto a eso de ir a la playa.

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  5. Epa Chema! no has considerado la tercera generación de Mendel? porque yo ando algo por alli, solo que me la tire en reversa, ya te explico: es esta que jales los genes de los abuelos, perfecto, alabado sea, saque los ojos de mia bauelito, punto ami favor y de mucha ultilidad en mi vida, y zass que con el blog, voy descubro: que no existe tal gen para el color de los ojos(http://www.solo-de-interes.com/2009/08/ojos-verdes.html); entonces veo que más herede: RhAneg, alergia a penicilina, tendencia a la presión arterial alta,...upps, pero mi abuelito era alto, no, alli si que voy, y herede a mi papá y todavia me tire un menos, menos. La nivea sigue en circulación, y para cuando se te ofrezca, te puedes poner leche de magnesia que te refresca y te quita la quemadura de sol, aunque seguro es mucho mejor el mojito y yo me apunto. Un fuerte abrazo

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    1. No irás a quejarte de haber cogido lo peor de cada casa con esos ojazos verdes. Además, para qué querrás tú la estatura del abuelo, si el mejor perfume va en frasco pequeño. Un fuerte abrazo, Regina.

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  6. jajaja! me ha encantado tu entrada. Raros, raros un rato sí que sois porque con ese pelo rojo, esa piel tan blanca y esos ojos azules verdosos, no necesitáis luz por la noche y sois como una faro de atracción para los demás.
    Hija de pelirrojo, nieta de pelirroja y no tengo fotos ni recuerdos de más atrás.
    Un cariñoso abrazo :)

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    1. Cosas de la genética. Tú con un padre y una abuela pelirrojos no lo eres, sin embargo yo ni padres, ni hermanos, ni abuelos, ni bisabuelos.
      Gracias por haber entrado. Me alegra además que lo hayas hecho, porque he aprovechado para echarle un vistazo a tu blog y tiene muy buena pinta. Luego, con más tiempo, le podré dedicar más rato.
      Un abrazo también para ti y bienvenida a mi blog. Vuelve siempre que quieras.

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  7. Jajajajajaja, lo de salir al sobaco del padre es buenísimo. Yo tengo pelo moreno y piel muy blanca y pecosa. Bien, pues para los dermatólogos soy pelirroja. Cuando voy a la revisión anual que nos hacemos, siempre la misma cantinela: ahora, la pelirroja. Pero si soy morena!!!. A ellos solo les importa el tipo de piel....
    Un beso

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    1. Conozco a unas cuantas morenas como tú, que necesitan el factor de protección solar más alto que el mío.
      Es un orgullo salir en algo al padre, aunque sea al sobaco.
      Besos.

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